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Prebióticos y prebióticos ¿Beneficiosos o perjudiciales?

Es importante entender que nada sustituye la alimentación equilibrada y que la mayoría de las soluciones gastrointestinales está en la manera correcta de comer.

Actualmente, además de la leche y los yogures, podemos encontrar champús, lociones para el afeitado, desinfectantes, serums, cosmética facial, pastillas para la caspa y pastas de dientes que aseguran tener microbios vivos que velan por nuestra buena salud.

Lo cierto es que, en nuestros intestinos, tenemos trillones de bacterias, buenas y malas. Es la llamada microbiota normal, formada por miles de cepas o microorganismos de diferentes tipos.

Esta es distinta en cada uno de nosotros, lo cual depende de los genes y de la adquisición bacteriana del medio que lo rodea, que inicia en el nacimiento cuando quedamos en contacto con ellas.

La microbiota intestinal cumple funciones metabólicas y nutricionales, a la vez que mantiene la integridad de la pared intestinal y así ejerce protección contra bacterias perjudiciales. Además, al hacerlo regula el sistema inmunitario.

Cuando se produce una alteración en la composición de la microbiota entramos en un estado que se conoce como disbiosis, la cual puede predisponer a enfermedades digestivas.

Por ejemplo, muchas personas experimentan estreñimiento, diarrea, gases, distensión abdominal o ruidos intestinales, pero también tienen relación con enfermedades extra digestivas, como depresión, ansiedad, obesidad, hígado graso, enfermedades cardíacas, neurológicas, alergias e inclusive cáncer.

Alternativa terapéutica

El 22 de octubre de 2018, The New York Times recordaba en un artículo titulado ‘The Problem With Probiotics’, que los suplementos alimenticios que están regulados de manera menos estricta que los medicamentos, por lo que no necesitan demostrar su eficacia para ser comercializados, sino solo su inocuidad.

Los probióticos son una alternativa terapéutica que buscan equilibrar la microbiota intestinal porque promueven el crecimiento de sus componentes beneficiosos y liberan sustancias que combaten a los perjudiciales.

Estos pueden administrarse de distintas formas, pero las más conocidas son las que ofrece la industria farmacéutica en presentación de cápsulas o sobres en polvos.

Sin embargo, para ser considerados probióticos deben haberse realizado estudios en humanos que demuestren sus beneficios, pues no todos los probióticos son iguales, varían en el número de bacterias desde miles hasta millones por unidad y el tipo de familias bacterianas incluidas en cada envase.

Algunos contienen cepas individuales y otros agrupan múltiples en una sola presentación. La mayoría de los probióticos son bacterianos, por lo que podrían verse afectados por los antibióticos. Sin embargo, especialistas recomiendan su combinación para limitar la disbiosis que los antibióticos producen y para disminuir sus efectos adversos.

Los probióticos, también pueden ser útiles en casos de diarrea aguda o en diarrea provocada por ‘clostridium difficile’, en colitis ulcerativa que es una enfermedad inflamatoria intestinal, en algunos casos de colon irritable y en niños nacidos muy prematuros para evitar el daño intestinal.

 Ingredientes alimentarios

Es importante diferenciar los probióticos de los prebióticos y simbióticos, que no son microorganismos vivos, sino sustancias que cuando se agregan a la dieta favorecen el desarrollo de la microbiota de debemos tener.

Los prebióticos, son ingredientes alimentarios no digeribles que provocan cambios específicos en la composición y/o actividad de la microbiota intestinal. Las fuentes principales son la cebolla, el ajo, las alcachofas, la miel, el guineo maduro, trigo, cereales como la avena, la soja y legumbres como los espárragos, los apios, el puerro, las aceitunas y pepinillos en yautia, ñame entre otros.

En cambio, cuando se emplean probióticos y prebióticos en forma conjunta se está en presencia de un simbiótico. Por ejemplo, la leche materna es un probiótico debido a su contenido de bacterias lácticas y un prebiótico por el contenido de fructooligosácaridos que favorecen el desarrollo de bacterias buenas. Las leches maternizadas también contienen ambos.

Alimentos probióticos que podemos consumir

Entre los alimentos probióticos comunes que podemos consumir sin que causen alteración de la microbiota intestinal están los productos lácteos fermentados, como el yogur natural, las bebidas lácteas y los quesos con cultivos vivos añadidos.

También, podemos consumir miso, un fermento de la soja que es un alimento básico en la gastronomía japonesa y dietas macrobióticas; chucrut, que es una preparación de vegetales fermentados, principalmente elaborados con col; este es un alimento rico en vitaminas A, B1, B2, C y minerales como calcio, fósforo y magnesio.

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